Hola, soy Érika.
Podría empezar diciendo que soy una loca de las bodas, como seguramente habréis leído a otras wedding planners. Pero prefiero contaros una escena de mi infancia.
Cuando era pequeña, me encantaba vestir a mis Barbies con la ropa del Nenuco o de otras muñecas más grandes. Esos vestidos enormes se convertían, en mi imaginación, en vestidos de novia con una cola laaaarga.
En los años noventa, al menos en mi barrio, una boda era todo un acontecimiento. Los vecinos salían a la puerta del portal para ver aparecer a la novia y subir a aquel coche adornado hasta arriba de flores y lazos.
Y allí estaba yo, asomando la cabecilla entre la multitud para no perderme nada.
Con los años, aquella curiosidad siguió conmigo. Me encantaba visitar las ferias nupciales de mi zona, descubrir lugares para celebrar bodas y conocer todo lo que ofrecían los proveedores. Por entonces se llevaban más los hoteles y los salones de celebraciones, y yo disfrutaba imaginando las posibilidades de cada espacio.
Después fui mamá, y entre la crianza y el día a día, aquel interés quedó en segundo plano.
Hasta que llegó el momento de organizar una celebración muy especial para mis hijas: su Primera Comunión.
Mientras la preparaba, lo vi clarísimo: esto me apasiona.
Al mirar atrás, entendí qué me había atraído tanto de aquellas bodas del barrio: la emoción que se contagiaba entre todos y la ilusión de acompañar a alguien en un día tan especial.
Una pasión que esperó su momento
Entre reconocer aquella pasión y dar el paso pasaron nueve años.
Después de la comunión de mis hijas, empecé a informarme sobre formaciones para dedicarme a la organización de bodas. En aquel momento no podía asumir su coste, así que aquel proyecto tuvo que esperar.
La vida siguió, con la maternidad, el trabajo y las responsabilidades del día a día. Pero el interés por las bodas seguía ahí.
Años después, sentí que había llegado el momento de cambiar de rumbo profesional. Quería dedicarme a algo que me ilusionara, y volví a recordar cuánto había disfrutado preparando la celebración de mis hijas.
Decidí formarme como wedding planner y dar el paso que llevaba tantos años posponiendo. Era ahora o nunca.
Hoy acompaño a parejas que quieren una boda que las represente, ayudándolas a ordenar sus ideas, tomar decisiones y organizar su boda con calma, disfrutando también del proceso.
Las bodas estándar no van conmigo
Me encanta trabajar con parejas que quieren que cada detalle refleje quiénes son y que el conjunto tenga coherencia, intención y carácter.
Quiero conoceros, escuchar vuestra historia y entender qué os hace ilusión. A partir de ahí, trabajamos juntos para que vuestra boda tenga vuestra esencia, desde las primeras decisiones hasta la forma de vivir cada momento.
Para mí, organizar una boda significa dirigir una experiencia completa. El presupuesto, los proveedores, la estética y los tiempos deben responder a lo que importa para vosotros.
Emoción, con los pies en la tierra
Soy exigente y estructurada. Me gusta planificar con previsión porque la tranquilidad del día de la boda empieza meses antes.
Os ayudo a ordenar las opciones, cuidar el presupuesto y tomar decisiones con criterio. Gestiono la presión y actúo cuando hace falta, manteniéndoos al tanto y respetando las decisiones que os corresponden.
Soy emocional, sí. Pero también estratégica. Me importa cómo os sentís durante los preparativos y cómo encajan el ritmo, la energía y cada detalle de la celebración.
Estaré a vuestro lado, cuidando la visión que definamos juntos y coordinando lo necesario para que podáis disfrutar de vuestra boda.
Vosotros vivid el momento. El resto, dejádmelo a mí.
