Elegir la fecha de vuestra boda es uno de los momentos más emocionantes después del compromiso.
Muchas parejas se dejan guiar por festividades, vacaciones o fechas señaladas en vuestra historia como pareja: un aniversario, vuestra primera cita o simplemente una fecha romántica en el calendario.
La mayoría de parejas suelen decidir casarse desde que empieza la primavera hasta bien entrado el otoño, por las horas de luz y el buen clima.
Pero escoger la fecha no es solo marcar un día bonito en el calendario.
También implica mirar qué puede pasar alrededor de ese día.
Vacaciones, puentes o fines de semana largos pueden afectar a la asistencia de algunos invitados, complicar la disponibilidad de alojamientos o elevar los precios. Por eso es importante avisar con suficiente antelación con un save the date.
Las operaciones salida y retorno pueden aumentar el tráfico y, con una mala planificación de tiempos, provocar retrasos. No queremos que vuestros invitados lleguen sudados y estresados después de pasar dos horas en una caravana.
Eventos políticos, deportivos o culturales, celebraciones o acontecimientos importantes también pueden generar más tráfico del habitual o una mayor demanda hotelera.
Los eventos deportivos influyen más de lo que creéis.
Invitados pendientes del marcador o mirando las carreras en el móvil… En esos casos suelo recomendar algo muy sencillo: colocar una pantalla retransmitiendo el evento para que nadie sienta que se pierde nada mientras disfruta de vuestra boda.
Sabiendo todo esto…
¿existe la fecha perfecta?
No hay fechas buenas ni malas cuando entendéis el contexto y podéis anticiparos para diseñar una experiencia cómoda también para vuestros invitados.
Porque elegir la fecha no debería sentirse como una presión, sino como el primer paso con dirección.
Si estáis en ese punto entre la ilusión y las dudas, es completamente normal.
La fecha no es solo un día.
Es empezar a construir cómo queréis vivir vuestra boda desde el principio.
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